El espectáculo debe continuar (fragmento)

Tahiche Díaz

El hombre, como buen animal que ha tomado conciencia de que posee conciencia, ha intentado resolver el problema del sinsentido (…), inventando constantemente sistemas de símbolos y filosofías que llamamos lenguajes y que descansan sobre patrones tan contingentes como necesarios para sobrevivir en el entorno circundante.

Quisiera contar este teatro de la conciencia como el juego entre razones y sinrazones de una naturaleza homínido que aprende y se adapta a un entorno circundante resolviendo problemas teórico/prácticos en un intento de equilibrar sus pasiones egoístas con una moral social objetiva (…). Pero, aunque toda nuestra memoria histórica nos dé soluciones, es necesario olvidar (…) y jugar a construir el mundo en base a nuevas necesidades. Somos todo lo que fue, pero también todo lo que será (…).

Miles de millones de mentes pensantes intentan coexistir en el tiempo, realizan balances y crean nuevos espacios de interpretación abiertos al pensamiento con el propósito de adaptarse (hacer cultura) y promover el progreso hacia una política (de la buena gestión) del alma.

Con una actitud neopagana, el artista pretende decir lo infinito en lo finito a través de analogías y juega a ser dios en un ejercicio de aporte de sentido donde no lo hay.

Las artes, la filosofía y las ciencias deben tomar las riendas de la interpretación, que se ve castrada por la cantidad de imágenes que, en lugar de contar el mundo, impelen al individuo a integrarse en una estructura de sectas mercantilistas. El artista debe contar el mundo por encima de géneros y clasificaciones que enajenan la comunicación, utilizando alegorías visuales y creando espacios abiertos a la experiencia del espectador. Sus objetos (dados a luz desde la hermenéutica y sólo hacia la mayéutica) deben aludir al tiempo y ser mediadores de la experiencia del individuo, (deben) desarrollar un ejercicio de libertad y de capacidad de elección a medio camino entre la información y la gestión de las estructuras, encauzando la energía, invitando a la reflexión y al uso de la capacidad alegórica para representar y dar cuenta del mundo, a participar en la vida, actuando en sociedad (sin actuar), como un trabajador más que no debe andar por las alturas, (deben) comunicar por todos los medios y con sus propiedades híbridas, representar ideas y solucionar problemas teóricos mediante una relación conceptual de materiales y medios adecuados a la forma, buscando soluciones al mal gusto imperante que nos aplasta y brindando un producto a la sociedad y un sentido a lo inefable sin pensar en la ausencia y propiciando lo imposible.

Desde este espectáculo circense, paseando por la historia.

Y, a la vez, olvidarse de esto y decidir, y vivir.

Y bla, bla, bla (organismo).