Nuevas parábolas y retablos cotidianos [2006]

A la manera de Greuze, Tahiche Díaz hace esculturas repletas de movimiento [entiéndase ‘movimiento’ como la estela o el trazo que deja una acción]; los personajes que pueblan sus escenarios componen sinfonías de actitudes y pasiones, de tentativas y actos, de voluntades y decisiones. Y también al igual que Greuze, las figuras de T. Díaz están caracterizadas con un detalle casi obsesivo, elaborando precisos retratos, de hecho de personas reales, que aportan a su obra una carnalidad muy especial, tan inusual en el arte contemporáneo que la apariencia de su trabajo parece rondar a veces el kirsch. Sin embargo, sus imágenes se relacionan más bien con la tradición de lo grotesco en Goya o en Ensor; constituyen un conjunto de historias crueles, tiernas, salvajes, risibles; patéticas o épicas. Un retrato de las grandezas y las anomalías del espíritu que habla de la complejidad del alma humana, de sus contradicciones.

— Ramiro Carrillo (crítico de arte y artista plástico)